Aquella tarde de julio fuimos grandes, en aquel bareto con un Vicente del Bosque que me hacía la cena mientras dirigía al equipo nacional; con un tío de La Rioja que reclamaba "magia", y la magia vino con un gol "seco" acompañado de los señores Hernáez y Joseba Etxeberría o "el potro de Elgoibar".
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