Con sus guantes de cuero, acero inoxidable, y un sentido de latin-lovers, los paralíticos en sus sillas de ruedas bailan al son de la música, por supuesto, hincando el cuello entre algún cuello femenino.
Fffff, da vueltas y vueltas el paralisto en su silla, -chumba-chumba, y yo con cara de tonto en la barra, veo como triunfa en su silla del amor. Hijos de puta.
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